Somnolente, añorada luz,
permitid que mis más secos pesares
recaigan sobre vos.
Arraigada inmortalidad
haced que todo vuelva
a brillar, tal y como
antes lo hacía.
Imprudente de mi;
pues deseé
los más oscuros deseos,
pues anhelé
los más negros sueños.
Fatigada mi voz,
hallaré el modo
de unirme a vuestro anhelo;
ardiente mi cuerpo,
hallaré la manera
de unirme a vuestro suspiro.
Tras esta orgía
de sangre y dolor
recompondré todas
mi angustias;
cuan lejana
quedo mi osada alma.
domingo, 26 de julio de 2009
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Y tu ahora eres mi sueño.
ResponderEliminarte amo